Flores comestibles: lo que necesitas saber

Alimentación

Flores comestibles: lo que necesitas saber

Por Conchita Llorens Nutricionista Thiocamp

El uso culinario de las flores se daba ya en culturas de China, Grecia y Roma hace miles de años, y en muchos recetarios tradicionales alrededor del mundo. Agregar flores a tu comida puede ser una buena forma de añadir color, sabor y un poco de fantasía a tus platos. ¿Te apuntas?

Antes de comer cualquier tipo de flor, necesitas asegurarte de que sea comestible. Como regla general, las flores que se encuentran en la florería, en los viveros y en los jardines públicos no son comestibles, ya que por lo general se encuentran cargadas de pesticidas. Lo mismo ocurre con las flores que se encuentran al borde de las carreteras o en cualquier jardín que haya sido tratado con productos químicos. Sólo se deben comer las flores que se venden específicamente para este uso.

Las flores son alimentos vegetales y como muchos otros alimentos en la naturaleza, suelen contener nutrientes valiosos para la salud como antioxidantes, flavonoides, betacarotenos, vitaminas, incluyendo ácido fólico, riboflavina, piroxidina, niacina y vitaminas E y C…

Eso sí, las flores son sumamente perecederas y no deben ser almacenadas en el refrigerador. Idealmente, recógelas frescas y sírvelas lo antes posible (almacénelas en un vaso con agua mientras las preparas). Si necesitas guardarlas para más tarde, colócalas con cuidado entre dos toallas de papel húmedas, envuélvelas en plástico o en un recipiente hermético y después ponlas en la nevera.

Las flores pueden comerse crudas en las ensaladas, agregarse a los aperitivos o en salsas… Pero, ¿qué flor elegir? Cada una tiene un sabor único: los claveles tienen un sabor parecido al clavo y la caléndula algunas veces es llamada “el azafrán de los pobres” debido a que su sabor es similar al de esta especia.

Las más utilizadas son:

Las violetas, que contienen rutina, un fitoquímico con propiedades antinflamatorias y antioxidante.

Los pétalos de rosa, los cuales contienen bioflavonoides y antioxidantes, así como vitaminas A, B3, C y E.

Las capuchinas, que cuentan con licopeno y luteína, un carotenoide que se encuentra en las frutas y vegetales.

La lavanda contiene vitamina A, calcio y hierro.

Las flores de cebollino (la flor púrpura de la hierba de cebollino) contiene vitamina C, hierro, azufre.

Las flores son pequeñas pero pueden tener un gran alcance, en especial si son nuevas en nuestra alimentación. Por eso, deberías introducirlas en tu dieta poco a poco, con el fin de evitar cualquier tipo de reacción alérgica o trastorno digestivo. Si tienes alergia al polen, comer flores podría empeorar los síntomas. Incluso las flores comestibles de alta calidad pueden causar reacciones inesperadas en algunas personas.

Así que pruébalas de una en una y en pequeñas cantidades para ver cómo reacciona tu cuerpo. Si no pasa nada, ¡aprovecha y dale color a tus platos!

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