Gestiona el hambre cuando estás en casa

Alimentación

Gestiona el hambre cuando estás en casa

En estos días de confinamiento se nos están presentando situaciones nuevas que no estamos acostumbradas a gestionar. De repente tenemos tiempo. Para estar en casa, ver series y películas, leer, escribir, pintar o hacer cursos online. Muchas también aprovechamos para cocinar más, probar recetas nuevas y, cuando el aburrimiento se apodera de nosotras, “picamos algo”. ¿A ti también te pasa?

Por Natalia Nasarre Nutricionista Thiocamp

El primer punto y más importante para gestionar el hambre cuando estás en casa y no paras de picar es preguntarte: “en una escala del 0 al 10: ¿cuánta hambre física tengo?”. 0 significa “no tengo nada de hambre” y 10 “me muero de hambre”.

Si te sitúas en valores superiores a 5 es probable que tengas una necesidad física de sentirte saciada. En ese caso come. Te sugerimos 5 consejos para picar entre horas de forma saludable. Además, en los menús del Thiocamp también tienes muchas ideas para comer a media mañana o a media tarde.

En el caso de que te hayas situado por debajo del 5 en tu escala de hambre, significa que tu necesidad física de hambre está cubierta, sin embargo, en esta situación, al comer estás intentando satisfacer otra necesidad.

Por ello, hazte estas 2 preguntas:
  1. ¿Por qué como? – La respuesta te conecta con la situación que vives: porque me aburro, porque estoy nerviosa, porque estoy enfadada, porque estoy triste, porque necesito algo dulce o algo salado.

  2. ¿Para qué como? - La respuesta te conecta con la necesidad que no estás cubriendo: para entretenerme con algo, para relajarme, para calmar mi enfado, para alegrarme el día, para disfrutar de algo.

Puede parecer la misma pregunta, pero ya has visto que la respuesta es bien diferente. El “por qué” te justifica, el “para qué” te revela una necesidad no cubierta.

Sería necesario saber si la comida cubre estas necesidades de forma duradera o efímera. Por ejemplo, si comes para entretenerte, te verás a ti misma haciendo unos cuantos viajes a la cocina porque, una vez hayas comido, volverá a aparecer el aburrimiento y, de nuevo, viaje a la nevera.

Así pues, llega el último paso. Si la comida no está satisfaciendo esa necesidad de forma completa, ¿de qué otras maneras puedes satisfacerla que no sea comiendo? ¿Qué actividades te entretienen, te relajan, te ponen de buen humor o te dan placer?

Es probable que aún haciendo todas estas reflexiones y racionalizando el proceso, sientas que quieres comer. Está bien, no hay problema, esto es debido a nuestro sistema de recompensas cerebral. Cuando hemos asociado la conducta de comer a una señal concreta (aburrimiento, estrés, tristeza, placer…) nuestro cerebro nos lleva a hacerlo de forma automática y siente frustración si no puede completar el automatismo.

La solución es fácil: come. No pasa nada. Haz solo una pequeña modificación: en vez de dejarte llevar por el piloto automático, escoge todos aquellos alimentos que quieras comer, prepáratelos en un plato o en la mesa, siéntate y come.

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