Alimentación energética y productividad

Por Vanesa, Community Manager

El filósofo Ludwig Feuerbach estaba en lo cierto cuando en 1850 escribió la famosa frase de “somos lo que comemos”.

La alimentación supone el eje central de nuestra salud, bienestar, y, aunque casi nunca lo tengamos en cuenta, de nuestra productividad. Numerosos estudios e investigaciones lo afirman: una buena dieta aumenta nuestro rendimiento en el trabajo.

Esto tiene una fácil explicación. Nuestro cuerpo se encarga de transformar los hidratos de carbono en glucosa, la cual constituye la principal fuente de energía de nuestro organismo y cerebro. Esta asegura el buen funcionamiento de las células de nuestro cuerpo y mantiene todas nuestras funciones vitales, entre otros. Así pues, es bastante difícil llegar a concentrarse teniendo el estómago vacío.

Por otro lado, una alimentación monótona, repetitiva o en la que faltan alimentos también puede propiciar la aparición de fatiga y cansancio físico. Por este motivo, durante los últimos años cada vez son más personas las que se deciden a empezar una dieta energética. Se trata de un tipo de alimentación que prioriza la ingesta de alimentos que son mejores para nuestra condición física y ritmo de vida diario, es decir, que ayudan a mantenernos frescos, motivados y enérgicos durante nuestro día a día.

A continuación te proponemos algunas claves para que consigas que tu dieta sea rica, variada y con un alto valor energético para potenciar al máximo tu productividad:

  1. La planificación es el eje central de nuestra dieta. Si cada domingo, antes de hacer la compra de la semana, intentas diseñarte un menú con todo lo que comerás durante la misma, te será mucho más sencillo llevarlo a cabo.
  2. Consumir más alimentos equilibrados o neutros. Son aquellos que liberan energía de forma lenta y constante, por lo que nos ayudan a mantener la concentración durante más tiempo y, además, contienen muchos más nutrientes. En este grupo de alimentos se encuentra el pescado blanco, los cereales integrales, la verdura, la fruta, las legumbres, los frutos secos, entre otros
  3. Hay que evitar a toda costa aquellos alimentos que nos restan energía. Otro factor esencial en nuestro organismo es la insulina. Para mantener unos niveles estables se recomienda no tomar nada alto en azúcar y añadir productos integrales.
  4. Debes adaptar la dieta a tu ritmo de vida. El exceso de carbohidratos no es recomendable, por lo que en función del requerimiento físico y psíquico de tu puesto de trabajo o día a día será mejor que consumas más o menos alimentos energéticos. Por ejemplo, si tu ocupación es “sedentaria”, tu consumo calórico deberá ser menor.
  5. Los alimentos ricos en vitamina B potencian nuestra concentración. Por eso también es recomendable introducir de vez en cuando carnes, pescados y huevos en tu dieta.

Como puedes ver, productividad y alimentación están más relacionadas de lo que parece. Si añades alimentos energéticos en tu dieta, en poco tiempo podrás comprobar cómo das lo mejor de ti mism@ en el trabajo. ¿A qué esperas?